Por: Javier Bocanegra
Otra vez. En la madrugada del 5 de junio de 1968, hace 50 aƱos, un estruendo daba paso a un segundo de silencio, al caos. Era la tercera vez en cinco aƱos que un asesinato ponĆa fin a la vida de un prominente lĆder polĆtico progresista en Estados Unidos. Ahora era el turno de Robert F. Kennedy.
Otra vez. En la madrugada del 5 de junio de 1968, hace 50 aƱos, un estruendo daba paso a un segundo de silencio, al caos. Era la tercera vez en cinco aƱos que un asesinato ponĆa fin a la vida de un prominente lĆder polĆtico progresista en Estados Unidos. Ahora era el turno de Robert F. Kennedy.
"RFK, RFK, RFK", gritaba la multitud del Hotel Ambassador de Los Ćngeles, volcada con el probable candidato demócrata a la Presidencia, cuando el tenebroso sonido de un disparo sobrevoló a la masa y se impuso la confusión: el senador demócrata y exfiscal general Robert Kennedy habĆa sido vĆctima de un ataque fatal.
Sirhan Sirhan habĆa disparado al favorito para hacerse con la candidatura demócrata segundos despuĆ©s de que Kennedy abandonara el escenario del hotel, donde acababa de ofrecer un discurso al conocerse su victoria en las influyentes primarias de California.
Las televisiones volvĆan repentinamente a sus directos en la sala angelina, mientras el equipo de la vĆctima entonaba el clĆ”sico "un mĆ©dico en la sala". Desconcertados, con la Ćŗnica certeza del fragor escuchado, pero con el miedo a que se confirmara lo que minutos despuĆ©s se certificarĆa.
Bobby, como era conocido, terminó pereciendo un dĆa despuĆ©s y con Ć©l las esperanzas del progresismo estadounidense de los aƱos 60, que habĆa visto cómo sus figuras mĆ”s destacadas eran asesinadas una detrĆ”s de otra, dando paso a una etapa de mayor polarización.
En 1963, John F. Kennedy, presidente del paĆs y hermano de Robert, era asesinado en el que probablemente sea uno de los momentos mĆ”s determinantes de la historia moderna de EU.
En abril de 1968, dos meses antes del magnicidio de "RFK", Martin Luther King, una de las principales figuras en la lucha contra el segregacionismo y la justicia social, era abatido en el balcón del hotel Lorraine de Memphis (Tennessee).
En las retinas de los estadounidenses persisten aĆŗn las imĆ”genes del discurso de Robert Kennedy en IndianĆ”polis tras la muerte de King, llamando a la unidad y a la reflexión al paĆs. La ciudad de Indiana fue una de las pocas que resistió pacĆfica ante la oleada de violencia que siguió al asesinato del pastor.
Los homicidios de los tres lĆderes, y sus consecuentes teorĆas conspirativas, supusieron un duro golpe para quienes perseguĆan avances en los derechos civiles en el paĆs, entre quienes muchos pensaron que los cambios no podĆan lograrse por las vĆas democrĆ”ticas convencionales, lo que derivó en el desĆ”nimo y la radicalización de algunos movimientos.
AsĆ lo cree Ross Baker, profesor de Ciencia PolĆtica de la Universidad de Rutgers, quien explicó a Efe que los dos homicidios de 1968 sumieron al paĆs en "un estado de profunda depresión y pesimismo", una situación que se agravó despuĆ©s con la llegada del republicano Richard Nixon al poder.
Para Baker, Robert Kennedy no gozaba del carisma que acumuló su hermano y "gran parte" de su Ć©xito inicial partĆa de la "nostalgia" hacia Ć©l, aunque reconoce que en los Ćŗltimos aƱos, y sobre todo en la recta final de su vida, Bobby logró ganarse el afecto y la confianza de quienes veĆan en Ć©l "un potente orador" presidencial.
Los asesinatos se enmarcaron en un contexto en el que la educación segregada por raza habĆa sido declarada inconstitucional en la dĆ©cada previa (1954) y acababan de aprobarse leyes fundamentales para los afroamericanos como la Ley de Derechos Civiles (1964) o la de Derecho al Voto (1965).
"Su influencia fue profunda. Guió la campaña victoriosa de su hermano a la Presidencia e hizo contribuciones vitales a la causa de los derechos civiles como fiscal general", relata a Efe Sean Wilentz, profesor de Historia Americana de la Universidad de Princeton, quien resalta su oposición a la Guerra de Vietnam.
El experto incide en el pragmatismo y el equilibrio que aportaba Robert Kennedy a la lucha por los derechos civiles en aquel momento: "CreĆa tanto en el orden como en la resistencia, en el civismo como en la protesta".
"HabrĆa servido para unir polĆticas liberales y cambio progresista, y tender puentes entre las divisiones de raza, clases y generaciones", argumentó Wilentz.
De acuerdo al profesor de Princeton, el asesinato de Bobby supuso un ocaso en la polĆtica estadounidense, "que ha parpadeado, pero que permanece rodeada de una profunda oscuridad que ha alcanzado hoy su peor estado".

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